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Steven Wilson no para. Tras dejar en pausa a Porcupine Tree, se ha embarcado en una carrera en solitario que está dejando un disco al año. En 2012 fue Grace for Drowning, muy experimental y atmosférico, y en unas semanas saldrá The Raven that Refused to Sing, donde toca terrenos más familiares pero no duda en recorrer todo su abanico de influencias, desde Camel hasta Opeth, pasando, como siempre, por King Crimson.

Este disco está formado por 6 canciones que cuentan seis pequeñas historias, desde el relojero que no puede amar (The Watchmaker) a la tristísima historia que nos narra en este tema.

Podéis dejar que os la contemos o verla en este magnífico vídeo, dirigido por Jess Cope y Simon Cartwright. En resumen, una persona intenta comunicarse con el espíritu de su hermana muerta a través de un cuervo. Con esa premisa ya os podéis imaginar el tono de la canción y del vídeo:

Sing for me,
Sing for me.
You can come with me;
You can live with me.

Heal my soul,
Make me whole.

Sister, I lost you,
When you were still a child,
But I need you now,
And I need our former life.

I’m afraid to wait,
I’m afraid to love.

And just because I’m weak,
You can steal my dreams:
You can reach inside my head,
You can put your song there instead.

Please, come to me.
Please, stay with me.

Please,
Sing,
Cry,
Cry.

Sing to me, raven,
I miss her so much.
Sing to me, Lily,
I miss you so much.

Sing to me, raven,
I miss her so much.
Sing to me, Lily,
I miss you so much.

Sing to me, raven,
I miss her so much.
Sing to me, Lily,
I miss you so much.

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Hemos hablado mucho de él, pero la mayoría de la gente no sabe muy bien qué significa la etiqueta. Una primera aproximación al género parece indicarnos que consiste en hacer canciones de 14 minutos.

Para el profano esto significa una repetición continua de versos y estribillos, o sea, un horror. En realidad se trata de intentar hacer cosas diferentes: salir de los ritmos habituales y atreverse con un 7/8, por ejemplo. Incluir partes instrumentales largas, hacer discos que no traten de los temas de siempre y buscar siempre la perfección técnica (casi todos los que hacen este tipo de música son virtuosos o al menos tienen una formación musical sólida). Además, se busca la mezcla con otros géneros: se atreven con el metal, folk, jazz y cualquier otra cosa, así que al final lo progresivo es una etiqueta bastante etérea (se aplica a todos los discos de Genesis, por ejemplo, cuando muchos de ellos son pop, y no se aplica  a los últimos Blind Guardian, por melenudos)

De la wikipedia:

“…exploraron estructuras musicales extendidas que incluyeron intrincados patrones instrumentales y texturas, y a menudo temas esotéricos.”2 Además, los arreglos incorporan a menudo elementos tomados de la música clásica, el jazz y la música del mundo. Abundan las composiciones instrumentales, y las letras de las canciones se apartan de la temática habitual del rock, incluyendo reflexiones filosóficas o referencias a mundos fantásticos. Las bandas de rock progresivo realizaban a veces discos conceptuales que desarrollaban un único concepto

Ahora vamos a la parte práctica. Esto no es lo mejor, ni lo más exitoso, ni siquiera lo que más nos gusta, pero es un recorrido para que cualquiera pueda saber si esto es lo suyo o no.

Se supone que el género lo inauguran King Crimson en 1969 con esta canción (aunque haya cosas parecidas en otros lados: las letras de Dylan, el Sgt. Pepper, Frank Zappa…)

Camel – Lady Fantasy

Genesis – Supper´s Ready

Emerson, Lake & Palmer – Tarkus

Muchas de estas bandas se reconvirtieron a la música ochentera y lo progresivo pasó un período de barbecho. Canciones cortas, mucho teclado, producción sobrecargada y muy poco de experimentación. El sonido era era casi popero y el mayor supergrupo jamás visto, Asia, hacía esto. Que mola, sí, pero no es lo mismo.

A partir de los 90 aparecen bandas que mezclan con bastante éxito lo progresivo con lo heavy:

Dream Theater – Pull me under

Incluso con lo más extremo del heavy:

Opeth – Demon of the Fall

Y a la vez hay últimamente un resurgir del progresivo más clásico.

Porcupine Tree – Trains:

Beardfish – Sleeping in Traffic

En España muy pocos grupos del género consiguieron tener una mínima repercusión. Sí hubo una cierta escena progresiva catalana, con Fusioon, por ejemplo, y los andaluces Triana figuran como los progresivos españoles por excelencia, fusionando el estilo con el flamenco. También ocurrió que no supimos ponerle la etiqueta a propuestas que hoy nos parecen obvias: Ñu y Asfalto:

Tras este pequeño recorrido seguro que ya sabéis si esto os gusta, ¿verdad?

Fusioon – Ebusus (1975)

Publicado: 6 junio, 2012 en progresivo
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Fusioon – Minorisa

¿Rock progresivo en España? ¿Seguro que eso existe? Pues resulta que sí. O al menos existió, con una calidad que no tenía nada que envidiar a bandas venidas de Canterbury, por ejemplo. En un panorama que hoy dominan bailarinas medio analfabetas que sólo saben enseñar carne, algo así sorprende. Sobre todo porque, además, en los setenta el panorama no era mucho mejor.

Fusioon se dieron a conocer en 1971 en el Primer festival de Música progresiva de Granollers (ignoramos si hubo más, esperamos que sí). Dos años más tarde sacaban un disco homónimo en el que se incluían versiones de “La danza del molinero”, de Manuel de Falla, y “Negra sombra”, de Rosalía de Castro. Se atrevían con todo: suites de veinte minutos, arreglos orquestales, versiones de Bach… aderezado con una maestría instrumental a la que solamente una pequeña parte del público estaba acostumbrado.

Si conseguís encontrar a alguien que conozca a Fusioon seguramente os recomendará su tercer disco, Minorisa (1975), formado por tres suites de larga duración: “Ebusus”, “Minorisa” y “Llaves del subconsciente”. Fue su último trabajo antes de su final como banda. Sus miembros, eso sí, han seguido unidos a la música. Martí Brunet es un nombre ligado a la música electrónica, Santi Arisa formó la banda progresiva Pegasus y Manel Camp se dedicó al jazz, formando pequeños grupos en los que coincidiría de nuevo con Arisa. Han colaborado como músicos de sesión y de directo con grandes figuras de la música catalana, aunque deberían ser recordados por esto:


Gazpacho es un grupo al que no le pega el nombre. Ellos dicen que sí, porque el gazpacho es una sopa rara: se hace solo con verduras, se toma fría… vamos, que no es lo que uno espera de un cocido. Para colmo son noruegos, así que a saber qué gazpacho se han tomado éstos, pero eso es otro tema.

El caso es que donde uno espera encontrar un grupo que cante en castellano (hay una banda argentina, bastante mala, del mismo nombre), se encuentraa unos genios del art rock.

Tampoco necesitan mucha presentación si seguís el blog, porque ya les hemos hecho proselitismo a base de bien cuando sacaron el Missa Atropos.

Así que la única duda que teníamos era si la continuación sería igual de buena. Y ha llegado el momento de escucharla. Se llamara March of Ghosts y por una vez no es una sola historia narrada a través de todas las canciones del disco. Pero casi.

En esta obra de, atención, “classical post ambient nocturnal atmospheric neo-progressive folk world rock”, cuenta varias historias de fantasmas. Durante una noche, el protagonista de la historia recibe la visita de varios espíritus que le van contando sus vidas. El desfile incluye un criminal de guerra haitiano, un soldado de la Primera Guerra Mundial, un escritor inglés acusado de traición… solo de contarlo ya dan ganas de que mole.

Tanto la portada y el artwork del disco como el vídeo que traemos hoy son obra de Antonio Seijas, colaborador habitual de la banda.

Sin más preámbulos vamos a introducirnos en el mundo fantasmal que han creado para nosotros. Black Lily. Parece tierna, pero cuando tengamos la letra veréis que no lo es.


Steven Wilson no puede parar quieto. Tras sacar un disco doble de Porcupine Tree y remasterizar la discografía de King Crimson y parte de la de Jethro Tull, ha tenido tiempo de hacer dos discos en solitario. Tras ello, ha decidido que molaba más venderlo como un disco doble.

Con Nic France a la batería, Steve Hackett a las guitarras, Nick Beggs al bajo y Theo Travis al saxo, Grace for Drowning aparecerá este próximo otoño cargado de canciones de 8 minutos para arriba. Promete, además, una pieza cercana al jazz de unos 23 minutos, en la que se le ha ido la cabeza del todo.

Los dos discos que forman este trabajo se llaman Deform to Form a Star y Like Dust I Have Cleared From My Eye.

Wilson, por cierto, promete gira europea para noviembre, en la que tocará el material de este álbum y de su anterior disco en solitario, Insurgentes.

Si os gusta este adelanto, podéis descargarlo gratis (y legal) en esta página.


La vida no es sencilla cuando eres una banda de rock progresivo instrumental de Moratalaz. Tienes que recurrir a extremos como dejar tu disco gratis en Internet, cosa que hay que agradecerle eternamente a esta gente.

Jardín de la Croix destacan en un panorama musical, el español, que no sabe apreciar para nada este tipo de sonidos. Seguramente os quedéis igual de sorprendidos que nosotros al escuchar este trabajo y ver el esfuerzo creativo y la calidad de los músicos. Es triste pensar que alguien que toca y compone a este nivel tenga que autoeditarse los discos, pero bueno, es lo que hay…

Este que tenemos aquí es ya su segundo álbum, por cierto. Tras darse a conocer en 2008 con Pomeroy (que no hemos escuchado, por cierto), han esperado tres añitos para tener preparado Ocean Cosmonauts. Si os gusta este pequeño anticipo de 9 minutos deberíais bajar el disco entero…


Ya que estamos con instrumentales, hoy vamos con otro grupo sin cantante pero de un estilo bastante diferente. Si los Explosions son unos magníficos creadores de texturas y de músicas de fondo, Scale the Summit se dedican al rock progresivo, con influencias, cómo no, de Dream Theater y otras bandas del género. Con ellos participaron el año pasado en la gira Progressive Nation junto a Zappa Plays Zappa y Bigelf.

Acaban de publicar su tercer disco, llamado The Collective, con una vistosa portada basada en la filotaxis. Esta palabra, que no viene en el diccionario, designa la disposición que tienen las hojas en los tallos de las plantas para conseguir la mayor cantidad de luz solar. Dejando los arbolitos aparte, la mente pensante detrás de este proyecto es Chris Letchford, un guitarrista de 27 años que compone prácticamente toda la música del grupo y además ha inventado la etiqueta “Adventure Metal” para describir lo que hacen.

En esta canción podéis ver exactamente a qué se dedican: hacia el final casi se puede distinguir el canto de las ballenas, ¿a que sí?