Maga – Diecinueve – 2002

Publicado: 10 abril, 2010 en popitas
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maga (así, en minúscula) es un grupo de pop poco conocido liderado por el sevillano Miguel Rivera, ex-teclista de Australian Blonde, entre otras muchas cosas. Tuvieron un casi contacto con el éxito cuando Iván Ferreiro empezó a versionar en todos sus conciertos este tema, Diecinueve, y una legión de modernuquis la cantaban sin saber bien de quién era. Una pena, pero nunca salieron del underground que sólo se conoce por ese amigo raro que sabe tanto o por internet, aunque ellos se codean con artistas bastante conocidos en su mundillo, por ejemplo con Los Planetas (a los que da mil vueltas, por cierto).

En 2001 consiguen que Paco Loco les produzca un EP de 4 temas, Bidimensional, que asombra a los gafapastas por doquier. Realmente es buenísimo, con un toque a lo Radiohead que ningún grupo español ha conseguido imitar… y la línea continua en su primer disco, sin título, conocido como el disco blanco (el segundo es el negro y el tercero, el rojo). Para esos discos posteriores prescindieron de muchas capas de arreglos, de armonías de voz y de guitarras, resultando bastante menos atractivos… especialmente el rojo. Hace pocas semanas han publicado un cuarto álbum, “la hora del sol”, en el que tampoco han conseguido recuperar la frescura del disco blanco. Una pena. Pero como las canciones siguen siendo buenas…

Diecinueve es una canción de amor. Creo. Porque las letras de maga son tan enrevesadas que muchas veces es difícil saber qué está cantando Miguel. La parte de “y dormíamos tan juntos que amanecíamos siameses” se entiende bien, pero ¿Qué dice después de “en tus dedos yo tocaba mis canciones?”. La verdad es que no lo he entendido nunca, pero bueno, hay letras en inglés que no se entienden y molan igual…

Con viento del este hiciste una cama,
soplaste sobre ella para templarla
y con el murmullo de tu voz de agua
me cantabas nanas sin letra.

Y dormíamos tan juntos que amanecíamos siameses,
y medíamos el tiempo en latidos.
Y en tus dedos yo tocaba mis canciones,
dedos de teclas de celesta.

Y tu pulso tamborileaba en mis sienes y muñecas
como diminutas patas de ciempiés,
y nos repartíamos los labios y los dientes y el hipo
y del alfabeto las impares.

Y en tus dedos yo tocaba mis canciones,
dedos de teclas de celesta.

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